Dinámicas de Discriminación; el caso de los gitanos

Publicado: agosto 30, 2011 en Uncategorized

Las manifestaciones, causas y procesos de discriminación contra Gitanos y Gitanas son múltiples, complejos. He querido recuperar este magnifico trabajo, en el que tuve la oportunidad de participar, realizado por mi amigo Dani Wagman. Persona que me ilustro y me ayudo a comprender
que mis prejuicios eran las voces de otros…

La construcción de Estereotipos.

La adjudicación de estereotipos a un grupo no implica necesariamente una acción negativa o de discriminación, hay estereotipos positivos, por ejemplo: “los alemanes son gente competente y trabajadora”. Sin embargo, respecto a los Gitanos existe un número muy extendido de estereotipos y prejuicios negativos los gitanos son: violentos, peligrosos, conflictivos, antisociales, criminales, vagos y oportunistas…

Estos estereotipos, están suficientemente extendidos y enquistados en nuestra sociedad . Y no sólo provocan reacciones de rechazo, sino que dificultan el mínimo contacto o comunicación personal que ayudaría a debilitar esas imágenes estereotipadas. Además, los estereotipos “positivos” que se le adjudican a los Gitanos como sería por ejemplo, el “amor a la libertad” “respeto a los mayores” legitiman y refuerzan la existencia de los estereotipos negativos que también se les adjudican.


Algunas víctimas de los procesos de construcción de estereotipos tienden a internalizarlos. Niños tipificados en el sistema educativo como conflictivos asumen esta visión y pueden desarrollar actitudes más conflictivas. El estereotipo de los Gitanos como criminales puede debilitar su confianza en el sistema legal. Éste en cambio, permite reforzar el estereotipo original.

Relacionado con los procesos de construcción de estereotipos está el fenómeno de atribuir y culpabilizar a toda la Comunidad Gitana de las acciones que pueda cometer un miembro de la Comunidad, es decir un gitano o gitana. Esta tendencia se ha visto en muchos de los estudios llevados a cabo en la investigación: el conflicto entre un gitano y un payo se traduce en culpabilizar a todos los gitanos de la localidad.

Juicios de valor negativos basados en la creencia, explícita o no, de la superioridad de la cultura mayoritaria. Este fenómeno no sólo da lugar a un tratamiento desigual, sino que refuerza un constante mensaje hacia los Gitanos sobre los “fallos” y “fracasos” de su cultura y de sus valores. Los juicios de valor negativos se ven a menudo en las normas de organismos públicos, demasiado inflexibles para tomar en consideración otras maneras de organizar la vida o con fuertes contenidos paternalistas o asimilacionistas. Se observa claramente este fenómeno en países donde muchos Gitanos aún mantienen una forma de vida no-sedentaria, algo considerado no “normal” y por tanto problemático en si mismo. Este juicio de valor da lugar a una larga lista de trabas legales y burocráticas que dificulta que ciertas personas puedan vivir de la manera que eligen. Diferentes sistemas de valores contemplan de diferente manera cosas básicas: cómo se vive el tiempo, la relación entre individuo y colectivo, la familia o el trabajo. Es más que arriesgado afirmar que un sistema es superior a otro. Sin embargo, hay una tendencia a que los valores de la mayoría se definan como correctos y los de las minorías como deficientes.


Los juicios de valor negativos, no sólo dan lugar a prácticas discriminatorias, sino que niegan el valor de las aportaciones que diferentes culturas puedan hacer al conjunto de la sociedad y debilitan la diversidad cultural, que es una parte fundamental de nuestro capital social.

Profecías autocumplidas.

Son frecuentes las prácticas resultantes de profecías que se autocumplen en relación con estereotipos existentes. En el sistema educativo muchos maestros mantienen el prejuicio de que los niños gitanos no pueden o no quieren aprender. En consecuencia hacen poco esfuerzo por enseñarles y el resultado del alto fracaso escolar sirve como prueba de que la valoración original no era un prejuicio, sino un reflejo de la realidad. Esta dinámica también se ve en el sistema penal, donde el estereotipo de gitano como criminal lleva a altos niveles de vigilancia policial, que da lugar a niveles de detenciones mas altos que la media, lo cual permite mantener el estereotipo original.


Estos procesos son extraordinariamente dañinos ya que representan espirales de retro alimentación de estereotipos y de discriminación.

La negación de la existencia de discriminación

Un fenómeno de enorme importancia en las dinámicas de discriminación es la tendencia a negar sistemáticamente la existencia de prejuicios y prácticas discriminatorias por parte de la sociedad mayoritaria. Se encuentra esta tendencia en casi todos los casos de estudio de discriminación que se llevó a cabo en la investigación. En el caso de discriminación contra mujeres gitanas en el sistema penal el portavoz del Fiscal General afirmó que es imposible que existan prácticas discriminatorias por parte del sistema judicial ya que está prohibido por la constitución y porque su labor es puramente técnica. Este argumento niega que individuos de la administración tomen decisiones que puedan estar influidas por su subjetivismo o prejuicio.

La negación de la existencia de discriminación tiene importantes consecuencias. Entre muchas, si no existe discriminación, todos las problemas que tienen los Gitanos en la sociedad se explican por sus propias limitaciones y fallos. Si los Gitanos sufren una fuerte discriminación a la hora de acceder al mercado laboral pero se niega que exista tal discriminación, los bajos porcentajes de gitanos con puestos de trabajo se utilizarían como prueba de que los gitanos no quieren trabajar.

En casos de rechazo a gitanos para puestos de trabajo, a veces, el contratante hace explícito que su rechazo es porque el candidato es Gitano, pero es más frecuente que se justifique explicando que hay otras personas mejor cualificadas, haciendo casi imposible demostrar que existe discriminación. Mirando casos individuales, con el apoyo de la tradición de justicia acusatoria, inocente hasta que se demuestre la culpabilidad, se obstaculiza la posible muestra de discriminación. Y al contrario, hay una ausencia de herramientas legales como la carga inversa de la prueba, que obliga también a un acusado de discriminación a ofrecer datos para mostrar su inocencia.


Hay herramientas y metodologías para detectar y cuantificar la existencia de prácticas discriminatorias. Los recuentos étnicos, por ejemplo, que permitirían descubrir desigualdades en diferentes ámbitos. Sin embargo es frecuente escuchar que tales herramientas son negativas y discriminatorias en si mismas al identificar a gente por su etnia Hay diversas declaraciones de personas de la administración que afirman incluso que realizar recuentos étnicos es ilegal y anticonstitucional. Los recuentos étnicos no sólo no son ilegales y están contemplados dentro la legislación vigente sino que en el momento, más de 80 instituciones de la administración pública que recogen datos sobre etnia. Existen metodologías que no implicarían violar la intimidad de las personas y la negación de utilizarlas en aras de no discriminar, ignora que en la práctica hay personas que están siendo identificadas constantemente como miembros de un grupo étnico y en consecuencia siendo objeto de tratos discriminatorios.

Culpar a la víctima

Es muy común escuchar un discurso que justifica o niega la existencia de la discriminación por la vía de culpar a la víctima: los problemas que enfrentan los Gitanos y las Gitanas se debe a sus propios fallos y actitudes. “No quieren integrarse, no quieren trabajar, no quieren educar a sus niños, ellos también son racistas”.Y hay un nuevo argumento en relación con los supuestos fallos de la cultura gitana que puede tildarse de políticamente correcto: “es una cultura muy machista”. Aunque es innegable la existencia de importantes problemas de machismo dentro de la comunidad gitana, este discurso da la idea de que las limitaciones y problemas de la mujer gitana son fundamentalmente por culpa de los Gitanos, obviando la existencia de las trabas impuestas a la mujer gitana por los prejuicios y prácticas del resto de la sociedad, además de reforzar la imagen de que la cultura gitana es cruel y primitiva.

Esa afirmación tan común de “los Gitanos son tan racistas o más que nosotros”, suele utilizarse para minimizar la importancia del prejuicio y discriminación ejercida contra ellos. Aunque es innegable que entre Gitanos se pueden encontrar manifestaciones y actitudes de desprecio hacia la cultura mayoritaria, sería erróneo definir una simetría entre las dos dinámicas. En primer lugar, los Gitanos tienen pocas oportunidades para tomar decisiones que afecten en una forma negativa a miembros de la cultura mayoritaria, por ser mucho menos numerosos y por tener pocos accesos al poder: poder para emplear o denegar un empleo, por ejemplo, o para alquilar a alguien un piso. Muchos Gitanos se enfrentan casi a diario a manifestaciones de prejuicio o acciones discriminatorias, mientras que para la mayoría de payos el contacto con Gitanos es casi anecdótico. Como hemos citado más arriba, en la cita del colectivo IOE, los procesos de discriminación no nacen de un conflicto de culturas sino de situaciones de desigualdad de poder.

El hecho de que la sociedad mayoritaria cuente con muchos más recursos tanto económicos, políticos, mediáticos, como culturales, implica que tiene mayor responsabilidad en la lucha contra el racismo y la discriminación.


Esto no quiere decir que las manifestaciones de prejuicio o desprecio por parte de los Gitanos contra los payos deben ser ignoradas o justificados, ni que no son un importante obstáculo para ayudar a derribar barreras entre Gitanos y Payos.

Culpar a la víctima tiene otro efecto: debilita la capacidad de las personas para sentir solidaridad y compasión hacia las víctimas de discriminación.

La construcción de categorías que formalmente no son étnicas, pero coinciden en gran parte con un grupo étnico.

Este fenómeno hace más difícil detectar el proceso de discriminación. En el estudio del caso de programas de educación especial en Madrid, vemos cómo la mayoría de estudiantes gitanos están incluidos en estos programas, a la vez que niños Gitanos componen la mayoría de los niños en el programa. El problema reside que en algunos centros, donde casi todos los estudiantes en clases de educación especial son Gitanos, se ha desarrollado un etiquetamiento de ellos como estudiantes conflictivos y en consecuencia han sufrido procesos de segregación y limitación en el acceso a la educación. Sin embargo, la administración educativa niega que exista discriminación étnica, ya que las medidas son tomadas contra estudiantes “Conflictos”. En el caso que estudiamos, sobre Gitanos encarcelados, vemos que la sobre representación se debe en gran medida a las dinámicas discriminatorias dentro del sistema penal. Pero la explicación oficial es que están encarcelados por ser “delincuentes”, no por ser gitanos. En otro caso de expulsión de Gitanos del barrio de Barakaldo por un agresivo movimiento vecinal, la explicación de los vecinos era que no les rechazaba por ser gitanos sino por ser “Okupas”. En otros países donde hay un importante número de Roma no–sedentarios se les adjudica un estatus especial de “Gente Viajera”, limitando sus derechos y justificando su condición no porque sean Gitanos, sino porque viven en Caravanas

Quizás una de las construcciones más importantes de categorías no-étnicas que puede esconder discriminación étnica es la de “excluidos”. Los Gitanos están desproporcionadamente representados entre los pobres. El rechazo hacia ellos se expresa en sus supuestas actitudes antisociales, explicadas como producto de su situación de excluidos. La utilización de la categoría “excluidos” tiene algo de estereotipo en sí misma. Es decir que se construye el argumento de que “yo no tengo nada contra Gitanos en si, pero los Gitanos marginales son conflictivos y problemáticos”. Otro argumento similar es que los problemas que enfrentan los Gitanos se deben exclusivamente a que son pobres y se niega la importancia de racismo como factor.

Esta dinámica a menudo es expresada con un discurso sobre Gitanos “Malos” y Gitanos “Buenos”. “Buenos” son los que se han “integrado” en la sociedad, “Malos” son los excluidos, quienes responden a los estereotipos de “conflictivos”, “antisociales”, etc. Esta formulación es en sí misma una indicación de prejuicio, nadie haría una división de la sociedad mayoritaria entre Buenos y Malos. División que ayuda a mantener estereotipos insistiendo que no son racistas y permite apuntar a los Gitanos “Buenos”, esos que han logrado cierto estatus social y permite afirmar que los Gitanos marginales están así por sus propios fallos, ya que “otros han salido de la marginalidad”. Así el problema ya no es de discriminación o exclusión estructural, sino de fracaso individual.

Esta dicotomía puede ser internalizada, dando lugar a presiones sobre gitanos para ser “Gitanos Buenos”, expresando identificación con la cultura mayoritaria como vía de escapar de las agresiones de la discriminación. Esto puede generar un distanciamiento de los “Gitanos Malos” e incluso aplicar los mismos estereotipos que usa la sociedad mayoritaria. Lo que tiene otro efecto perverso: los Gitanos que han conseguido cierto estatus dentro de la sociedad, no están dispuestos a ayudar a los Gitanos marginales en la lucha contra la discriminación.

Buscando Cabezas de Turco.

Es frecuente encontrar dinámicas de discriminación nacidas de la búsqueda de cabezas de turco en la sociedad. Los gitanos son buenos candidatos para cumplir este papel. Se culpa a los Gitanos por el problema de abuso de los estupefacientes, de la inseguridad ciudadana, del deterioro de la calidad en centros educativos.

La existencia de estereotipos negativos, la incapacidad de los Gitanos para hacer oir su voz y la imagen de ser un grupo homogéneo, distinto del resto de la sociedad y poco conocidos, son factores que permiten que los Gitanos estén culpados por estos problemas.

Un caldo de cultivo para ideas racistas son situaciones donde se compite por escasos recursos sociales y económicos. Existen incidentes de vecinos organizando movimientos agresivos contra Gitanos en humildes barrios que padecen problemas de paro, pobreza y exclusión. A menudo hay un discurso culpando a los gitanos por estos problemas, con la añadidura de un discurso en el que los Gitanos son beneficiarios de ayudas sociales que ellos no disfrutan.

Hay dos cuestiones relacionadas aquí. Por un lado, la gente puede pensar que la presencia de Gitanos puede devaluar el barrio y su vivienda. Por desgracia y debido a que la imagen del Gitanos es muy negativa dentro de la sociedad, esto puede ser cierto, lo que hace aun más enrevesado y complejo el conflicto. Por otro lado, la visibilidad de estos conflictos, algunas veces violentos, entre personas compitiendo por escasos recursos, permite un discurso de la clase media en el que el racismo y la discriminación son patrimonio casi exclusivo de las clases pobres e “incultas”. Las personas de clase media, tienen menos probabilidades de tener contacto con vecinos Gitanos, por lo tanto, de reconocer y actuar sobre sus prejuicios. Pero más allá de ese poco contacto vecinal o barrial, en muchas instituciones, individuos de clase media tienen poder de decisión sobre Gitanos y sus prejuicios influyen.


La competición por escasos recursos da lugar a otro extendido estereotipo de que los Gitanos reciben un parte injustamente grande de ayuda pública. Esto puede ser un obstáculo para la designación de más recursos para luchar frente a la exclusión y discriminación contra del pueblo Gitano. Pero también, esa búsqueda de cabezas de turco es una barrera para proponer iniciativas reales y eficaces frente a diversos problemas sociales como el injusto reparto de recursos. En cambio, sí pueden servir a los intereses de quienes se benefician del reparto injusto y a los que se benefician de los discursos demagógicos.

Existe un conflicto latente entre Gitanos y poblaciones de inmigrantes por estar compitiendo en algunas esferas como son por ejemplo, los oficios de recogida de chatarra, venta ambulante, trabajo agrícola y además, por diferentes recursos de los servicios sociales. Actualmente, gran parte de la discusión sobre racismo y discriminación en España se enfoca mayoritariamente hacia lo que sufren los colectivos de inmigrantes, mientras que en muchos ámbitos, el rechazo y prejuicio contra los gitanos supera lo que podría afectar a los inmigrantes. Es una muestra muy gráfica de la implícita minimización o negación de la existencia de estas dinámicas que afectan al pueblo Gitano.

Pero no sólo se buscan cabezas de turco entre personas compitiendo por escasos recursos. Esa búsqueda también se da en otros procesos en los que los individuos necesitan reafirmar la identidad grupal para sentir mayor seguridad. Una vez más, es importante hacer hincapié en la idea de que los procesos de discriminación no se deben a la existencia de grupos minoritarios, sino que se deben a fenómenos políticos y sociales dentro de la sociedad en general. En nuestra época de pos-fordismo y globalización hay una creciente sensación de aprehensión, de vivir en un mundo de riesgo, una sensación de pérdida de raíces, etc. La reafirmación de una identidad de grupo es una de las reacciones frente a estos sentimientos. Puede tomar la forma de una reafirmación positiva de rasgos comunitarios o colectivos, pero puede tomar forma de afirmación negativa: identificando a otros colectivos como los responsables del aumento de la sensación de inseguridad.

Falta de contacto, comunicación y conocimiento por parte de la sociedad sobre el Pueblo Gitano.

Uno de los obstáculos más importantes en la lucha en contra de la discriminación es la falta de contacto y comunicación entre Gitanos y el resto de la sociedad y esta falta de contacto es un proceso desigual. En general Gitanos tratan con payos a diario, pero la gran mayoría de los Payos apenas conocen Gitanos. Los gitanos ven la televisión que refleja la cultura mayoritaria, tienen contactos con las instituciones de la sociedad, pero pocos Payos tiene oportunidades de conocer la vida de Gitanos y Gitanas. En el trabajo de análisis de discurso que se llevó a cabo en la investigación, ésta asimetría quedó muy clara. Los Gitanos entrevistados tiene mucho conocimiento sobre la sociedad mayoritaria y expresan una gran frustración porque este conocimiento no es recíproco. Los Payos entrevistados tendían a hablar de los gitanos en un discurso muy abstracto, discutían símbolos, no personas.


Esta falta de contacto y comunicación es quizás el mayor obstáculo para luchar contra de la discriminación y es el caldo de cultivo para la construcción y reafirmación de estereotipos y prejuicios y por lo tanto, también oculta los efectos de la discriminación sobre las víctimas.

Gitanos y racismo: ¿sólo víctimas o también participantes?

Cuando se discute sobre los colectivos que son víctimas de dinámicas de la discriminación, es necesario evitar una imagen romántica o paternalista, negando que ellos pueden tener actitudes y prácticas que contribuyan al conflicto, o que ellos también pueden ser intolerantes y despectivos hacia otros.

También es necesario que se reconozcan y se cuestionen las manifestaciones dentro de la comunidad gitana de estereotipos o prejuicios hacia payos y que se reconozcan los rasgos de la cultura que son obstáculos para la convivencia. Es necesario introducir este reconocimiento dentro de un contexto que asume varias cosas. Asume que no es un conflicto simétrico y que es la sociedad mayoritaria la que tiene mayor responsabilidad en la lucha contra la discriminación por tener mayores recursos y porque los efectos del “conflicto” son cuantitativamente y cualitativamente muchos mayores sobre los gitanos que sobre los demás.

Una de las dinámicas de discriminación más dañina es la tendencia implícita y explícita a culpar a la víctima y negar la existencia e importancia de discriminación y prejuicio. Es innegable que miembros de una minoría víctima de discriminación muestren actitudes antisociales, falta de respeto hacia otros y prejuicios. Pero la discusión de estos problemas tiene que ser dentro un contexto que reconoce e intenta luchar contra la tendencia de culpar a la víctima como responsable principal de los conflictos. Se debe evitar la extendida tendencia de generalizar acciones de individuos como rasgos de colectivo (otra de las dinámicas discutida anteriormente). La falta de cauces de expresión de los Gitanos es un obstáculo para que ellos discutan, critiquen o sancionen actitudes suyas. Esto se ve en las dificultades de discutir, por ejemplo, cuestiones como machismo o delito entre Gitanos, ya que son temas donde la sociedad mayoritaria ha construido fuertes estereotipos. La autocrítica en estas cuestiones, sin el contexto señalado aquí, puede ser utilizada para reforzar los estereotipos.

Otro tema de importancia es ver cómo los procesos de discriminación son una de las causas de actitudes antisociales por parte de las víctimas. Colectivos víctimas de discriminación reciben mensajes constantes de la mayoría hegemónica sobre sus fallos, limitaciones y deficiencias a la vez que enfrentan importantes obstáculos para participar en la sociedad. Esta realidad da lugar a diversas reacciones desde la internalización de estas valoraciones negativas, hasta el rechazo de todas las normas y valores de la sociedad mayoritaria. Miedo, ira, estrés, frustración, odio, victimismo, oportunismo, todas éstas, son reacciones provocadas entre víctimas de racismo.

Aun así son muy esperanzadoras algunas de las conclusiones del trabajo de análisis de discurso que se realizó en la investigación. Los participantes Gitanos y Gitanas, aunque no nieguen el fuerte prejuicio y discriminación que ven, mantienen una positiva y esperanzadora visión de futuro y deseos de lograr mayor participación en la sociedad sin tener que renunciar a su cultura.

Es muy importante evitar un discurso anti- discriminación que de una imagen romántica de la cultura Gitana y que hable de ellos como pobres víctimas. La visión romántica es otro tipo de estereotipo y refuerza la idea de un grupo homogéneo, no individualizado, que es uno de los sustentos de las dinámicas de prejuicio y discriminación. Esto no quiere decir que no es importante reconocer rasgos positivos de la cultura gitana, que puede enseñar y aportar mucho al conjunto de la sociedad. La imagen de Gitanos y Gitanas sólo como víctimas, a parte de ser paternalista, los presenta como víctimas pasivas que tienen que ser ayudados desde fuera, lo que negaría la importancia fundamental de la participación activa y de alguna manera protagonizada por ellos y ellas en la lucha antirracista y al final en una lucha que no es sólo para ellos, sino para que todos podamos vivir en una sociedad más justa y tolerante.
Dani Wagman (el Yanki de Lavapies)

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comentarios
  1. indara dice:

    creo ke en esta dinamika esta todo muy bien reflejao…y keda plasmado bastante bien.

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