27 abril: la historia de los gitanos de Navarra 

Publicado: abril 27, 2015 en Uncategorized
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En el año 2007 se instituyo el 27 abril como Día de la Comunidad Gitana de Navarra, ya que un 27 de Abril del año 1435, entramos por primera vez los gitanos y las gitanas en tierras navarras como así lo constata un vestigio documental descubierto por Florencio Idoate en los años 50, en el Archivo General y que gracias, al investigador más importante y más apreciado sobre documentos  históricos del Pueblo Gitano,  Don Antonio Gómez Alfaro (premio Gaz Kalo 2006) insistió para que los gitanos y las gitanas de Navarra reinividicaramos el 27 abril como Día de la Comunidad Gitana de Navarra.

Origen del 27 de abril web Gaz Kalo

 Primer documento de la entrada de los gitanos en Navarra 

Se trata de una donación hecha por la Corte de la reina doña Blanca de Navarra en el castillo de Olite a Thomás, conde de Egipto Menor, que, en compañía de un grupo de personas, solicitan estancia en el Reino de Navarra para después emprender viaje como peregrinos a Santiago de Compostela. Este acontecimiento histórico sucedió un 27 de abril de 1435, y con él se inició la historia de los gitanos en Navarra.

Desde entonces, y generación tras generación, los gitanos navarros hemos ido aportando nuestro grano de arena a la construcción de la sociedad plural en la que hoy se ha convertido Navarra.


 Una historia llena de infortunio y adversidad

Thomás Conde de Egipto Menor

El texto legal más remoto que prohíbe la estancia de los gitanos en Navarra data de 1549 y “pide a las Cortes de Tudela que, una vez hallados dentro de Navarra, se les den 100 azotes y se les expulse”. Posteriormente, en 1569, se dicta una ley que busca un criterio de diferenciación entre los pobres verdaderos y los gitanos.

En 1573 Carlos de Bustamante, Francisco del Campo, Gaspar de Ribera y otros compañeros vecinos de Falces y Larraga, todos ellos gitanos navarros, se querellaron por no ser readmitidos en dichos lugares de los que se habían ausentado durante algún tiempo. En los casos de Carlos de Bustamante y Francisco del Campo era por haber estado en las filas del Rey, combatiendo a los moriscos sublevados, y prueba de ello eran las gloriosas heridas que les habían dejado manco de un brazo a uno y sin pierna al otro. Al no encontrar suficiente materia delictiva, se les confirmó en sus derechos de vecindad, con la condición de renunciar a su traje y a su idioma.

Gitanos Navarra

Los textos legales de 1580, 1583, 1596, 1624, 1628: “Los gitanos no pueden entrar, pasar o estar en este Reino, pena de doscientos azotes y cinco años de galeras, y las gitanas pena de cien azotes y destierro perpetuo, y se revocan las licencias dadas para vivir en este Reino”.

Sin embargo, por la referida Ley Perpetua de 1678, se puede observar que ya en esa época había gitanos domiciliados en algunos pueblos ejerciendo varios oficios. Durante el siglo XVII la situación de los gitanos en Navarra empeora y se les obliga a que abandonen sus oficios habituales y se dediquen exclusivamente a la agricultura y a que residan únicamente en ciudades de más de 1.000 habitantes, prohibiéndoles la tenencia y venta de ganado.

 En la vecina Francia tampoco les iba muy bien. Un edicto de Luis XIV ordenaba en 1675 su exterminio a hierro y fuego, y un poco antes, en 1641, la Asamblea de los Estados de la Bajada Navarra, reunida en Saint Palais, prohibía dar asilo a los bohemios y hacer tratos con ellos. Así mismo se apunta que hablaban su propia lengua (romanés), además del castellano, francés y euskera, como así da fe un gitano llamado Ustáriz, del valle del Baztan.

Mediante Ley de las Cortes de Navarra de 1780-1781 se establecieron las Juntas de Caridad para organizar hospicios donde educar a los niños gitanos. La Constitución de Cádiz en 1812 reconoció la situación jurídica de los gitanos como ciudadanos españoles. Las legislaciones y pragmáticas antigitanas nunca pudieron con un pueblo que solo quería vivir en paz.

La Gran Redada de 1749 en Navarra.

La Gran Redada, también conocida como Prisión general de gitanos, fue una persecución autorizada por el rey Fernando VI de España, y organizada en secreto por el Marqués de la Ensenada, que se inició de manera sincronizada en todo el territorio español el miércoles 30 de julio de 1749 con el objetivo declarado de arrestar, y finalmente «extinguir», a todos los gitanos.

En Navarra, el marqués de Lara no esperaba demasiadas capturas, pues estaba convencido de que en aquel reino se habían “observado siempre con mucho rigor” las leyes que desde hacía muchos años tenían “prohibida la entrada de los gitanos, su vecindad y residencia”, obligando a los que se hallaban desde muy antiguo a comportarse “como los demás naturales”, sin vestir ni practicar las costumbres gitanas. En efecto, el conde de Gages, virrey de Navarra, una vez realizados diversos registros, solo pudo hallar en una taberna a dos hombres y una mujer “transeúntes”. Ante tan exiguos resultados, el virrey dudó de si en la orden de captura “estaban comprendidos todos los gitanos avecindados en este reino, o solo los vagantes”. En su respuesta, se le comunicó que únicamente podían ser excluidos de la providencia general aquellos que no vistieran el traje de gitano, ni usaran de sus costumbres, tuvieran vecindad de muchos años, y los que se comportaran “en todo como los demás naturales de los pueblos en que estén”, aclaración que confirmaba el carácter no general que debía haberse dado a la operación. (extraído del libro Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de “exterminio” (148-165).

A pesar de los pesares, gitanos y gitanas, navarros y navarras.

Desde que en 1499 los Reyes Católicos dictarán la primera pragmática antigitana, hasta la llegada de la Constitución Española de 1978, pasando por la Alemania nazi, el Pueblo Gitano ha padecido durante siglos intolerancia, menosprecio y persecución, pero aun así la cultura gitana existe y resiste, en una sociedad que en ocasiones utiliza a los grupos minoritarios como chivo expiatorio para esconder sus propias debilidades y miedos.

También podemos decir con voz alta que el Pueblo Gitano ha contado con miembros muy célebres a nivel local de Navarra, que han contribuido con su trabajo y constancia a dar una imagen positiva de la cultura gitana, como fueron Javier Echeverría (el Chunchunero), que con su txistu y tamboril hizo bailar a los gigantes de Pamplona a lo largo del siglo XIX; Agustin Castellón (Sabicas) uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, nacido en la calle Mañueta de Pamplona, en 1912; y también hay que recordar con orgullo a Camino Jiménez (Tía Kamino) que a lo largo de los años 60 y 70 fue toda una institución en toda Navarra, y ayudó a muchas familias gitanas a mejorar sus condiciones de vida, siendo una mujer respetada por la comunidad gitana, instituciones públicas y población en general. Juan de Dios Ramírez Heredia: “estoy viendo ahora mismo a una gitana navarra, la tía Camino, con una falda negra plisada y un collar deslumbrante. Cuando ella hablaba, no había hombre que levantara la voz”. 

Sabicas, El Chunchunero y la tía Kamino

 Hoy 27 de abril de 2016, podemos decir bien alto que hay una Navarra kalí, una Navarra gitana, que no pertenece solo a los gitanos, sino que es patrimonio de toda la sociedad.
La historia de los gitanos y de las gitanas de Navarra, está todavía por escribirse, pero podemos gritar con orgullo que desde 1435, nos sentimos orgullosos de ser gitanos y navarros, de ser navarros y gitanos.

Cremonia del rio Caparroso



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comentarios
  1. Unin Roman dice:

    Querido Ricardo: ¡¡Felicidades!! Por este valioso artículo. ¿Nos autorizas a reproducirlo en O TCHATCHIPEN y lo traducimos al catalán con lo que tendrá mayor difusión aún?

    Un fuerte abrazo.

    Te aves baxtalo

    Juan de Dios

    _____

  2. UNA APORTACIÓN A LA HISTORIA DE NAVARRA. LA REDADA DE GITANOS Y GITANAS DE 1749
    En Navarra, el marqués de Lara no esperaba demasiadas capturas, pues estaba convencido de que en aquel reino se habían “observado siempre con mucho rigor” las leyes que desde hacía muchos años tenían “prohibida la entrada de los gitanos, su vecindad y residencia”, obligando a los que se hallaban desde muy antiguo a comportarse “como los demás naturales”, sin vestir ni practicar las costumbres gitanas. En efecto, el conde de Gages, virrey de Navarra, una vez realizados diversos registros, solo pudo hallar en una taberna a dos hombres y una mujer “transeúntes”. Ante tan exiguos resultados, el virrey dudó de si en la orden de captura “estaban comprendidos todos los gitanos avecindados en este reino, o solo los vagantes”. En su respuesta, se le comunicó que únicamente podían ser excluidos de la providencia general aquellos que no vistieran el traje de gitano, ni usaran de sus costumbres, tuvieran vecindad de muchos años, y los que se comportaran “en todo como los demás naturales de los pueblos en que estén”, aclaración que confirmaba el carácter no general que debía haberse dado a la operación. (extraído del libro Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de “exterminio” (148-165).

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